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Por qué empecé a hacer chapas: pequeñas piezas, grandes emociones

Un video despertó mi curiosidad, mis mascotas inspiraron las primeras piezas y un llavero me trajo los primeros pedidos. Así fue como las chapas encontraron su lugar en Crica Studio y en mi corazón.

Por qué empecé a hacer chapas: pequeñas piezas, grandes emociones

Lo más difícil de hacer mi primera chapa fue elegir la foto.

La impresora, el papel y la prensa estaban listos. Pero, entre tantas posibilidades, no lograba decidir qué imagen debía inaugurar esta nueva etapa.

La inspiración llegó de mis pequeños: Bya (¡sí, Bya con Y!), mi chihuahua; Pitico, mi spitz alemán; y Fiona, mi bulldog francesa.

Cuando vi el resultado, me pareció simplemente perfecto.

Una fotografía se había convertido en una pequeña pieza llena de significado. Y esa era precisamente la posibilidad que me había llevado a interesarme por las chapas personalizadas.

Todo empezó con un video

Un día, mientras miraba una red social, vi el video de una chica que fabricaba chapas cuadradas con imán.

Mostraba el proceso con tanta sencillez y tranquilidad que me transmitió confianza. Me quedé mirando y pensando que yo también podría hacerlo.

Ya conocía ese tipo de máquinas desde hacía muchos años. Un familiar cercano trabajaba en una fábrica aquí en Brasil vinculada a la fabricación de esos equipos. Aun así, nunca me había interesado por probar.

Fue al ver a alguien crear una pieza con calma cuando empecé a imaginar las posibilidades.

Y hubo una idea que me conquistó: un diseño mío podía estar en la nevera de alguien, formando parte de un rincón de su casa que ve todos los días.

Las ganas llegaron antes que el valor para comprar

A pesar del entusiasmo, pasé meses pensándolo.

No tenía un empleo fijo y el dinero que recibía cada mes ya estaba comprometido con las próximas facturas. Comprar la prensa era una decisión importante.

Hasta que, entre el miedo y las ganas de intentarlo, se me ocurrió algo con un poco de humor:

«Con suficientes cuotitas, hasta un helicóptero se puede comprar».

Fue mi manera de animarme. Compré la máquina, que vino del extranjero, pagué bastante por ella y empecé. Y sí: todavía la estoy pagando.

Lo cuento porque la inversión también forma parte de la historia. El entusiasmo no hizo desaparecer el costo, y las cuotas seguían siendo un compromiso. Cada persona necesita tener en cuenta su propia situación antes de dar ese paso.

En mi caso, tenía algo a favor: ya contaba con una impresora, papel fotográfico y muchas ganas de innovar. Me faltaba la prensa para empezar a producir.

Mis pequeños inspiraron el comienzo

Las primeras piezas fueron los imanes cuadrados.

El proceso de fabricación me resultó sencillo y pronto descubrí que el mayor desafío de aquel estreno sería elegir la imagen.

Ahí fue donde entraron Bya, Pitico y Fiona.

Quien tiene una mascota sabe cuánto cariño puede guardar una foto. Ver a mis pequeños en aquellas piezas hizo que el resultado tuviera un valor especial para mí.

Después seguí creando otras chapas para uso propio, probando ideas y descubriendo lo que podía hacer.

Cuanto más creaba, más posibilidades encontraba.

Un tucán, la bandera de Brasil y los primeros pedidos

Era época del Mundial de Fútbol cuando hice un llavero con un tucán y la bandera de Brasil.

En el primer lugar donde lo mostré, recibí mi primer pedido. En el segundo, llegó otro.

Y así fueron surgiendo más.

La reacción que escuchaba era:

«Qué bonito… ¡¿lo hiciste tú?!»

Y yo sonreía de oreja a oreja.

Mostrar una pieza hecha por mí y descubrir que alguien también quería una me daba una alegría enorme. Lo que había empezado como una experiencia personal estaba despertando el interés de otras personas.

¿Qué cabe en una chapa?

Hoy, cuando miro estas piezas, pienso en todo lo que pueden llevar.

Una foto de alguien a quien queremos. Un mensaje que refleja nuestra personalidad. Un recuerdo de un momento especial.

Las chapas llevan emociones, historias y un poquito de quien elige cada diseño.

Con el tiempo, fui explorando otros formatos: llaveros, llaveros con espejo, llaveros de doble cara y nuevas posibilidades de personalización.

Eso es lo que sigue encantándome. Una pieza pequeña puede acompañar a alguien todos los días o convertirse en un regalo elegido con cariño.

Y saber que participé en ese momento significa muchísimo para mí.

Mi «terapia remunerada»

El miedo a invertir apareció, incluso después de mi experiencia con las tazas. Pero la confianza en que podía salir bien fue más fuerte.

Hoy suelo decir que este trabajo es mi «terapia remunerada». Es la forma cariñosa que encontré de describir lo mucho que disfruto creando.

Saber que una persona lleva consigo algo que hice, o que eligió una de mis piezas para regalársela a alguien, me llena el corazón de alegría.

A quienes también tienen ganas de empezar, les diría:

¡Empieza! Da un primer paso que esté a tu alcance.

Puede ser conocer el proceso, hacer cuentas o probar una idea antes de invertir. Lo importante es prestar atención a esas ganas de crear y descubrir qué puedes hacer con ellas.

Mi comienzo tuvo meses de dudas, una máquina comprada a plazos, fotos de mis pequeños y un llavero que abrió la puerta a los primeros pedidos.

Y cada nueva pieza sigue trayendo esa alegría de ver cómo una idea toma forma.

Descubre las chapas y los llaveros personalizados de Crica Studio e imagina qué historia te gustaría llevar contigo.

Cristiane Morales
Sobre el autor

Cristiane Morales

Crica ayuda a las personas a transformar ideas en regalos llenos de significado, compartiendo inspiración y consejos para crear con cariño. 💙